Vivir en lo alto: el fervor por los rascacielos

La prisa por construir hacia arriba ha resultado en la construcción de 1.500 grandes torres en la última década.

Rascacielos

Aquellos que en estos momentos quieren vivir por encima del piso 100, podrán elegir entre las ciudades de Jeddah, Chicago, Melbourne, tres urbes chinas y dos coreanas.

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Portafolio
julio 12 de 2019 - 08:39 p.m.
2019-07-12

Las personas viven en pisos cada vez más altos. Los residentes de uno de los apartamentos más elevados del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo, pueden contemplar Dubai desde el piso 108, o una altura de unos 400 metros.

No están solos: aquellos que quieren vivir por encima del piso 100 podrán elegir entre Jeddah, Chicago, Melbourne, tres ciudades chinas y dos coreanas. A nivel mundial, hay más de 2.000 edificios residenciales de más de 150 metros de altura, la mayoría de ellos construidos en la última década. Se planifican al menos 500 más, según el Centro de Rascacielos, una base de datos en línea.

(Venden por USD$150 millones el rascacielos Chrysler de Nueva York). 

La construcción de torres es un sello distintivo de los auges inmobiliarios, pero el nuevo grupo de rascacielos es el más grande hasta ahora. La urbanización, el espiral de los valores de la tierra y la búsqueda de propiedades entre los ricos internacionales, se han combinado para lanzar a las torres residenciales a nuevas alturas.

En algunas ciudades, la ola de edificios ha provocado un excedente, y los apartamentos en algunas torres se venden con descuentos de decenas de millones de dólares.

Pero Daniel Safarik, editor del Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano, un grupo de expertos de Chicago que dirige el Centro de Rascacielos, dice que la carrera por la altura se sustenta en tendencias a largo plazo. “Somos un planeta en proceso de urbanización. Hoy mas de 50% de la población vive en ciudades y esto va aumentando”, sostiene. “El poder económico y la influencia de las ciudades establecidas - e incluso las ciudades - atraen a las personas hacia ellas, impulsan los precios de los bienes raíces y dejan poco terreno sobre el que se puede construir, por lo que están construyendo hacia arriba”.

El aumento del valor de la tierra urbana empujó a los desarrolladores a buscar extraer más valor de los sitios para justificar el costo de compra. Al mismo tiempo, los precios de las casas de lujo aumentaron después de la crisis financiera, gracias a la creciente riqueza privada internacional buscando invertir en un hogar de ladrillos y cemento.

(En la era de los megaedificios). 

“El precio de la tierra y los costos de construcción - incluyendo mano de obra, impuestos y materiales - incrementaron tanto que lo único que se podía construir eran condominios”, dice Andrew Gerringer de The Marketing Directors, en Nueva York.

Las autoridades de las ciudades han estado tratando de usar la tierra de manera más eficiente. “Las ciudades y los planificadores están adoptando los edificios altos como un elemento para ayudar a proporcionar densidad estratégica”, resalta Philip Oldfield, director del programa de arquitectura de la Universidad de Nueva Gales del Sur.

Pero las torres presentan desafíos tecnológicos y altos costos: por encima de los 200 metros de altura, los costos de pisos adicionales aumentan exponencialmente, explica Safarik. Los ascensores, fachadas y bombas de agua se enfrentan a exigencias extremas a esta altura. Las torres también se vuelven menos eficientes energéticamente a medida que crecen, según un estudio del University College London.

A medida que ha crecido el número de torres residenciales altas, sus críticos se han vuelto más vocales. Grupos como la Campaign Skyline (campaña de horizonte urbano) en Londres y Stand Against the Shadows (frente a las sombras) en Nueva York argumentan que las calles y los techos se están transformando para el beneficio de los ricos sin consultar a los residentes locales.

“Hay un cierto nivel de megalomanía narcisista en la búsqueda por estar por encima de otras personas y vivir en un lugar que es obviamente lujoso”, apunta Barbara Weiss, una arquitecta con sede en Londres y fundadora de la Campaña Skyline. “Las personas que viven en estas torres a menudo no usan las tiendas, los restaurantes y los lugares que rodean las torres. Se aíslan en estas casas muy caras con gimnasio, cine y otras salas comunes para que la gente no sienta la necesidad de salir. Se alejan de las calles”.

Ciertamente, el nuevo grupo de torres altas ha atraído compradores, desde el multimillonario del fondo de cobertura Ken Griffin, que compró un ‘penthouse’ en Nueva York por US$238 millones, hasta la estrella del rock Sting, que, según informes, será uno de sus vecinos.  

La prisa por construir ha dejado a varios mercados principales, como Londres, Nueva York y Sydney, con un exceso de oferta.

Los apartamentos en 432 Park Avenue, un rascacielos de 88 pisos en Nueva York, se venden con descuentos de más del 20%; uno se vendió a fines del año pasado US$11 millones por debajo de su último precio de venta. La construcción de otro rascacielos, Spire London en la capital del Reino Unido, se ha estancado debido a la caída del mercado.

Pero Safarik resalta que otros factores, aparte de los puramente económicos, están detrás del auge de los rascacielos. “El ego entra en juego. Tan pronto como alguien construye el edificio de apartamentos más alto, sabes que hay alguien que quiere construir uno más alto y reclamar ese reconocimiento”.

Judith Evans

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