Warren Buffett: ‘me divierto más que cualquier persona de 88 años’

El gran inversionista habla de la suerte, las expectativas y la búsqueda de valor en un mercado sobrecalentado.

Berkshire Hathaway

El tercer hombre más rico del mundo dice que sigue al frente de Berkshire porque quiere seguir haciendo lo que ama desde que compró sus primeras acciones.

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Portafolio
mayo 04 de 2019 - 04:58 p. m.
2019-05-04

En el mercado de valores, los pequeños márgenes distinguen el éxito del fracaso. El 10% es una gran diferencia en el rendimiento; el 100% es una abismal. Y luego está Warren Buffett. Durante los últimos 54 años, las acciones de su firma, Berkshire Hathaway, han superado al S&P500 en 2,5 millones de puntos porcentuales.

Por lo tanto, sorprende que en la última década se haya rezagado. Un dólar invertido en Berkshire hace 10 años vale US$2,4; el mismo dólar en un fondo indexado al S&P500 vale US$3,2. Aún más sorprendente es lo que Buffett dice acerca de todo esto. Se le preguntó cuál sería la mejor inversión, ¿en Berkshire o en el S&P? “Creo que el resultado sería igual”.

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Pero es difícil no preguntarse si Buffett, incluso a sus 88 años, les está restando importancia a sus ambiciones. Además de ser un genio de la inversión, Buffett también lo es de las relaciones públicas, ya que cultiva una imagen modesta de un hombre común que ha triunfado por la práctica de la versión más pura del capitalismo.

El tercer hombre más rico del mundo, con un patrimonio de US$86.000 millones, dice que sigue al frente de Berkshire porque quiere seguir haciendo lo que ama desde que compró sus primeras acciones, en una compañía petrolera de Oklahoma, a los 11 años. “No puedo comprar el tiempo o amor, pero sí casi cualquier otra cosa con dinero. ¿Y por qué salto todos los días de la cama y me emociono a los 88 años? Porque amo lo que hago y la gente con la que lo hago, vamos al béisbol juntos. Ellos intentan mejorar mi vida, y yo las suyas”.

La personalidad de Buffett se refleja en su oficina, que ocupa un solo piso en una ordinaria torre en Omaha que lleva el nombre de otra compañía. Los 25 miembros del personal se visten de forma casual. Cada escritorio está cubierto con fotos familiares, tarjetas de felicitación y chucherías. Sobre la puerta dice: “¡Invierte como todo un campeón hoy!”

Su personalidad sencilla es parte integral de Berkshire. La compañía juega en sectores volátiles como la energía y las finanzas, y ser el abuelo favorito del capitalismo ha mantenido a los inversionistas, los políticos y los reguladores firmemente de su lado.

Un elemento clave de esto es un cuidadoso manejo de las expectativas. Después de un difícil 1999, en el que se hundieron las acciones de Berkshire por el auge de la tecnología, Buffett no predijo que el péndulo regresaría pronto a las inversiones sensatas. En cambio, dijo que esperaba que el crecimiento de Berkshire superaría al del S&P en la próxima década. “No podemos garantizarlo, pero podemos respaldar nuestras convicciones con nuestro dinero”.

No suele hacer promesas. Y al prometer poco, a menudo ha excedido las expectativas. En los 10 años tras 1999, las acciones de Berkshire subieron 80% y el S&P cayó. Detrás de su calidez, está la competitividad fría y acerada.

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Pero ahora las cosas son distintas. Buffett nunca ha tenido una racha tan larga de poco rendimiento. Y nunca ha sido más feroz la competencia por los activos que él prefiere: grandes compañías que son fáciles de entender.

Cuando se le pregunta si su expectativa de un rendimiento “modesto” ha cambiado en los 20 años, ajusta sólo una palabra: “muy modesto”. “Si deseas algo que puede tener una pequeña expectativa de más rendimiento que el S&P, quizás somos la opción más segura”. ¿Una mayor seguridad se traducirá en rendimientos más altos? Pero no cae en la trampa: “Si tenemos suerte”.

¿Cuál es su propósito si no hace que sus accionistas sean más ricos? Con su afirmación de que a un joven inversionista le iría tan bien en el S&P como en Berkshire, Buffett da una pista: “Creo que tu hijo aprenderá más siendo un accionista de Berkshire”.

Pero, ¿qué quiere enseñarnos el sabio de Omaha? ¿Warren Buffett ha perdido su toque? Este es un tema que sale a flote regularmente cada vez que sale mal una de las inversiones, como le sucedió a Kraft Heinz, o IBM hace unos años. Refleja un malentendido.

Entre 1950 y 1960, Berkshire era una máquina de acumular acciones y compañías subvaloradas; compraba dólares por 50 centavos, como Berkshire Hathaway, un fabricante de textiles de Massachusetts en apuros.

Buffett y Berkshire no han cambiado: vive en la misma casa desde 1950 y todavía trabaja en el escritorio de su padre. Y Berkshire permanece en Omaha, una pequeña ciudad al borde de Nebraska.

Sin embargo, Berkshire invierte ahora utilizando una fórmula muy diferente. Una: comprar compañías enteras cuando se pueden obtener a precios justos. Dos: administrar el efectivo que ganan las compañías, sacándolo de las que no crecen e invirtiendo en aquéllas que sí, todas bajo el paraguas de Berkshire, y así evitar impuestos. Tres: invertir una parte del excedente en acciones de primera línea. Cuatro: mantener el resto en bonos del tesoro y efectivo para el próximo acuerdo. ¿Cuál es la última gran idea de Buffett? Comprar Apple.

Buffett cree que tiene un negocio que comparte la característica clave de las compañías que le gusta comprar: no se necesita ser un genio para dirigirlo: “Siempre le digo a la gente: si tienes más de 130 puntos del cociente intelectual, vende el resto porque no lo vas a necesitar en este negocio”.

Cada día entran US$100 millones a la firma. Con US$700.000 millones en activos, sólo las grandes inversiones pueden mejorar las ganancias de Berkshire. Los valores que Buffett puede comprar razonablemente no suman más de 100, dice. Comprar compañías tampoco es más sencillo: “Ganar US$500 millones suena bien y US$1.000 millones suena como una gran inversión, pero US$500 millones es menos de una décima de un 1% de contribución a los activos de Berkshire”, señala Buffett.

Lo que reduce aún más la lista de posibles inversiones es que él descarta comprar compañías que necesitan ayuda. “Quizás una familia quiere vender por alguna razón y ahí es cuando tienen que pensar en nosotros”.

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Berkshire puede para comprar grandes compañías que cotizan, pero esa estrategia también es cada vez más difícil debido al aumento del capital privado. Buffett cree que las firmas de capital privado tienen US$1,2 billones en compromisos de los inversionistas que pueden duplicarse con el uso de deuda. “Es dificilísimo hacer tratos en un mundo donde hay más de US$1 billón en fondos, además del espíritu animal de los líderes corporativos”, dice. “Si alguien más tiene rendimientos en base a pedir prestado el 75% de un trato, y Berkshire lo hace en base a todo el capital, vamos a perder”.

Para lidiar con esto, hace años Buffett buscó ayuda en lJorge Paulo Lemann, fundador del grupo de capital privado 3G. Berkshire y 3G se unieron para comprar Heinz en 2013, y lo fusionaron con Kraft dos años después. La asociación tuvo excelentes beneficios por un tiempo haciendo cosas ajenas al enfoque habitual de Buffett: pedir prestado grandes cantidades y despedir a miles de empleados. Pero conforme 3G reducía los costos para aumentar sus ganancias y se enfocaba en una malograda puja de US$143.000 millones por Unilever, los socios no anticiparon un cambio en el mercado, un alejamiento de los alimentos envasados como los de Kraft y en favor de opciones más ‘sanas’ y marcas artesanales. Los minoristas de repente tuvieron ventaja sobre Kraft Heinz, los precios y los volúmenes cayeron, y Berkshire tuvo una reducción de US$3.000 millones de su inversión.

Las dificultades de Kraft Heinz han llevado a muchos a sugerir que 3G prioriza las ganancias a corto plazo sobre la salud a largo plazo. ¿Coincide Buffett con esto? Él indica que el problema no fue una infrainversión, sino una sobreestimación de la fortaleza de las marcas Kraft Heinz y su poder.

Si el problema para Berkshire es demasiado dinero, una respuesta sería deshacerse de ello. Las empresas hacen esto todo el tiempo: pagan dividendos o venden unidades de negocio. ¿Por qué no reducirse para que Berkshire pueda volver a producir rendimientos impresionantes? Buffett coincide en que le iría mucho mejor con menos. “Creo que si tuviéramos un millón de dólares, no tendríamos problemas para ganar el 50% al año”.

DIVIDENDOS 

Buffet rechaza la idea de un dividendo, la firma acrecienta el capital, no lo regala. En 2014, los accionistas rechazaron una propuesta de que la compañía debería pagar un dividendo. Pero en ese momento, la compañía tenía una cantidad de fondos mucho menor que hoy. Y los analistas se preguntan si los accionistas votarán igual si Buffett ya no estuviera al frente.

La única forma en que Buffett aceptará la reducción de la enorme cantidad de capital accionario es mediante la recompra de acciones cuando se están vendiendo a un precio que él considera menor que su valor real. Esto equivale, en su opinión, a adquirir un socio a un precio atractivo. Apunta que podría llegar el momento en que la compañía recomprara sus acciones hasta por un valor de US$100.000 millones.

Pero, ¿qué sucede cuando las acciones se cotizan a un precio justo, y las compañías y los títulos también parecen caros? “Ésa es mi pesadilla”, resalta Buffett.

Quienes piensan que Berkshire aún puede vencer al mercado alegan que todo lo que necesita es la inevitable llegada de la próxima crisis. En 2008 y 2009, Buffett realizó una serie de acuerdos lucrativos para darles capital a instituciones como Goldman Sachs, que le vendió a Berkshire US$5.000 millones en acciones preferentes. Buffett confía en que llegará el momento en que las buenas compañías necesitarán capital y tendrán que comprarlo de Berkshire. “Nos volverán a llamar. Podemos asignar US$10 o US$20 o US$30 mil millones. La gente se vuelve más inteligente, pero no más sabia. No se vuelven más estables emocionalmente. Todas las condiciones para las sobrevaluaciones o subvaluaciones extremas existen igual que hace 50 años”.

Las paredes de la oficina de Berkshire están cubiertas con recuerdos de esta verdad: una portada de un periódico del gran colapso de 1929; y otra que anunciaba la llegada de Buffett como presidente de Salomon Brothers, después de que la banca de inversión cayera en crisis en 1991. Sin embargo, después de la última crisis, el rendimiento superior de Berkshire fue real, pero no excepcional. Medido desde el pico anterior a la crisis en 2007, Berkshire superó al mercado. Medido desde el punto inferior en 2009, no.

SUCESIÓN

Y hay otro punto. Las crisis no ocurren frecuentemente, y cuando sea la siguiente, alguien más podría estar al frente de Berkshire Hathaway. “No me molesta la idea de mi muerte”, afirma Buffett. Su franqueza incita a uno de sus entrevistadores del FT a tocar madera: “No creo mucho en supersticiones; eso puede ser caro”.

Buffett no tiene ganas de renunciar. “Estoy de vacaciones todos los días. Si hubiera otro lugar a donde quisiera ir, iría. Yo creo que me divierto más aquí que cualquier otra persona de 88 años, prácticamente, en el mundo”.

Sin embargo, se mantiene el delicado tema de cuánto aporta a Berkshire. Siempre ha sido partidario de las marcas fuertes, y él es una marca en sí mismo, quizás la más fuerte de las finanzas.

¿Acaso parte de la razón por la que Goldman pagó tanto por el dinero de Berkshire fue que llevaba la marca de un hombre que personificaba la sabiduría y la honestidad? ¿Podrá su sucesor pedir tanto? De la misma manera, ¿estarán los dueños de negocios dispuestos a venderle a un conglomerado que ya no está encabezado por la estrella del capitalismo?

Buffett descarta la idea de que Berkshire es impulsado por su marca. Para él, la única ventaja de la firma es su inigualable solidez financiera y la velocidad con la que puede poner el dinero a trabajar. Después de que él se vaya, cree que habrá un “desfile” de banqueros que venderán ideas “estúpidas” para hacer escisiones, “pero aquí nadie tendrá que sucumbir a esa presión por mucho tiempo”.

De la misma manera, ¿los inversionistas o reguladores se preocuparán cuando la compañía ya no esté dirigida por él? Buffett repite su opinión fundamental: a los reguladores e inversionistas les gusta Berkshire porque cumple las reglas, está sobrecapitalizado y garantiza que sus subsidiarias, desde los seguros hasta la generación de energía, también lo estén. La pregunta sobre la sucesión no se puede resolver hasta que llegue. Buffett lo reconoce y señala que sus sucesores tendrán que “probar que el sistema funciona”.

Lo que es notable acerca de hacerle preguntas sobre la sucesión, y sobre si la empresa podría seguir prosperando, es lo impasible que se muestra. Lo que realmente le importa es que Berkshire se ha convertido en una comunidad de personas con ideas afines. Y es fácil ver por qué a Buffett le gusta la idea. La lealtad de los accionistas es la base de todo lo que hace. Él sólo puede ser el prestamista o el asegurador porque ha podido conservar gran parte del capital de sus inversionistas. Eso se debe en parte a que Buffett ha limitado la influencia de las instituciones de Wall Street, que podrían inquietarse y buscar un dividendo o una disolución. Él quiere individuos leales en lugar de operadores volubles del mercado.

“Sólo hay 1.645.000 sillas en nuestra iglesia”, asevera, refiriéndose a las acciones ‘A’ donde se concentra el poder de voto. “¿Por qué, si tenemos a las personas correctas en esas sillas, querría ir a buscar a un grupo que tienen precios objetivo para las acciones?”

Aun así, en un momento en que se cree que el capitalismo está en crisis, Berkshire puede ofrecer un modelo diferente. No porque invierta en el bien común - Buffett cree que los objetivos sociales son para los gobiernos y no para las compañías - sino porque evita el evangelio del “rendimiento total” en favor de la idea de comunidad.

Los devotos se reunirán hoy en Omaha para la reunión anual de Berkshire. Buffett predicará la vieja lección: mantener la fe. No te preocupes por la creciente cantidad de dinero. Ya vendrán las oportunidades. “En el golf, si lograras hacer un hoyo en uno en cada hoyo, nadie jugaría. El golf no sería divertido”, dice. “Pero manda algunas pelotas a las trampas de arena y luego sácalas de ahí eso lo vuelve interesante”.


Robert Armstrong
Eric Platt
Oliver Ralph

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