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Carlos Tellez

Tiempo de planear

Podremos cambiar de plan incluso sin modificar la estrategia, sin embargo, no podremos cambiar de estrategia sin alterar el plan.

Carlos Tellez
POR:
Carlos Tellez
octubre 07 de 2021
2021-10-07 12:20 a. m.
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Cada año, por esta época, solemos dirigir la mirada hacia el siguiente en procura de alistarnos definiendo un plan para abordarlo. Las conversaciones de planeación en las empresas se enmarcan dentro de las características típicas de un ejercicio de pensamiento estratégico, aquel en el cual imaginamos un futuro para tomar decisiones en el presente que nos permitan darle forma o prepararnos para las que consideremos sus versiones posibles.

Estrategia es la definición de aquello que queremos lograr y cómo vamos a conseguirlo, tanto a nivel empresarial como profesional o personal. Para ejecutarla, es natural traducirla a planes de corto plazo, los cuales a su vez convertimos, por ejemplo, en presupuestos financieros. La estrategia no es un plan, pero planeamos dentro de sus fronteras para ejecutarla. Ella es un marco conceptual, estructurado desde escogencias relevantes, para gestionar la cotidianidad hacia un destino.

Estas son algunas recomendaciones prácticas para estas conversaciones de planeación en las actuales circunstancias. En primer lugar, hacer consciencia plena del pasado reciente. Si bien el poder predictivo de lo ya sucedido se ha devaluado, también es cierto que estos meses transitados han sido un escenario privilegiado para el aprendizaje. Así entonces, para acelerar la ejecución de la estrategia en el corto plazo es importante identificar, primero, aquello que marcha bien para definir si es pertinente profundizarlo en atención al futuro próximo que anticipamos. Este análisis inicial de lo positivo es complementario a la conversación habitual sobre las brechas inmediatas que necesitamos atender en cuanto a la estrategia misma, considerando aquello que ya visualizamos o estimamos altamente probable, y respecto a nuestra efectividad en los frentes claves para su ejecución.

Otra recomendación para aterrizar la estrategia al corto plazo es definir prioridades estratégicas. Ellas son aquellos focos de gestión que mayor potencial tendrían en el futuro inmediato de acercarnos al norte que definimos, al tiempo que nos habilitarían para vivir exitosamente nuestro propósito de manera cotidiana. Donald Sull, profesor del MIT, recomienda un rango de 3 a 5 prioridades, como máximo.

Una tercera recomendación es no perder de vista el largo plazo al concebir planes inmediatos. Dorie Clark, en su nuevo libro The long game, plantea una interesante reflexión al respecto: optimizar el corto plazo no necesariamente se traducirá en éxito para el largo plazo. Por ello, al planear no deberíamos guiarnos solo por el estado actual de las cosas, es necesario también considerar permanentemente el destino definido.

Estrategia es lo que hacemos, no lo que decimos. Por eso es pertinente traducir la estrategia a un plan sin caer en la tentación de convertir el plan en la estrategia misma. Podremos cambiar de plan incluso sin modificar la estrategia, sin embargo, no podremos cambiar de estrategia sin alterar el plan.

CARLOS TÉLLEZ
carlos@carlostellez.co

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