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Germán Umaña Mendoza

Todo nos da lo mismo

La verdad es que grandes sectores de la sociedad participan en la corrupción, la aceptan o se benefician de ella.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
noviembre 04 de 2021
2021-11-04 12:22 a. m.
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De manera recurrente los medios de comunicación publican los resultados de las encuestas sobre la confianza de la ciudadanía en las instituciones. Sus conclusiones son, por decir lo menos, desilusionantes.

Pero, cómo creer en instituciones que sistemáticamente desconocen o violan la constitución y la ley.

El más reciente y claro ejemplo en el Congreso de la República es la reforma a la Ley de Garantías con la incorporación de un ‘mico’, cuando los ‘padres de la patria’ que votaron por su inclusión, sabían y estaban informados que una ley estatutaria no podía ser cambiada por una ley ordinaria.

Y, cómo creer en ciertos anuncios de la rama ejecutiva cuando se hace todo lo contrario de lo que prometió en campaña para ser elegido. Hay que pedirle al Presidente que objete el orangután: no únicamente por su evidente inconstitucionalidad sino por lo que significa crear dudas sobre la transparencia del gobierno en las próximas elecciones y la pérdida de la confianza en el sistema democrático.

Y cómo confiar en una fiscalía o un consejo electoral que investiga o no de acuerdo con las afinidades políticas o personales. Cuando existen dudas sobre el comportamiento de partidos, instituciones o personas lo lógico, lo jurídico y lo transparente, es permitirles que demuestren que aquellos que ponen en duda su honorabilidad se encuentran equivocados.

Nada más deprimente para la sociedad que saber que sus denuncias se archivan o se olvidan sin el debido proceso o por vencimiento de términos. No son juristas los que apelan a todo tipo de artimañas para que ello ocurra, son simplemente ‘tinterillos’ expertos en poner zancadillas a la ejecución de la ley.

Hecha la ley hecha la trampa”. Es realmente desconcertante conocer, observar, darse cuenta de cómo se distribuyen los recursos del Estado tanto en lo nacional como en los departamentos y los municipios. También evidenciar cómo se han perfeccionado las estrategias y prácticas para promover la corrupción. La mayor parte de la ciudadanía demócrata se ha declarado impotente ante esta situación: por miedo, por ignorancia o simplemente por desidia y desconfianza en las instituciones.

Pero, tal vez, lo más inaudito es el desprestigio inmenso de lo que significa la palabra democracia. La cooptaron unos pocos para hacer de nuestro país el reino de la desigualdad. Los académicos, las comunidades, los intelectuales, en fin, los verdaderos demócratas estudian, proponen, identifican los problemas. Algunos dirán que no saben comunicar, otros que las soluciones por ellos propuestas no son realistas.

La verdad es que grandes sectores de la sociedad participan en la corrupción, la aceptan o se benefician de ella. Los otros, simplemente se desentienden o se cansaron; ‘Todo’, nos “da lo mismo: todo” nos “cabe en el diminuto hórrido abismo donde se anudan serpentinos” nuestros “sesos” al decir del poeta De Grifa.

Bastaría abrir los ojos para recuperar la cordura. ¿Será pedir demasiado?

GERMÁN UMAÑA MENDOZA
Profesor

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