Una locomotora sin rieles 

Con un aporte que llega hasta el 53% del PIB, el centro del país se consolida como la principal zona económica de todo el territorio.

Vías 4g

La dura geografía que sostiene al país, sumada a diferentes escándalos de corrupción, han truncado el sueño histórico de lograr un aumento en la competitividad

Mintransporte

POR:
Portafolio
diciembre 12 de 2019 - 03:48 p.m.
2019-12-12

A pesar de estar a más de 1.000 kilómetros de distancia de los puertos desde lo que salen por mar gran parte de las mercancías del país, la región central, en la que están incluidas grandes ciudades como Bogotá y Medellín, es la que se encarga hoy en día en mover más de la mitad toda la economía de Colombia.

Se trata, nada más y nada menos, del 53% de todo el producto interno bruto (PIB) nacional, el cual está concentrado entre Bogotá, Cundinamarca, Tolima, el Eje Cafetero y Antioquia. De hecho, cabe decir que tan solo la capital registra una cuarta parte de toda la economía, por lo que se convierte en el corazón de la producción de riqueza del país.

En la región central, las actividades económicas que jalonan el crecimiento son diversas, pero sin duda este nodo geográfico se consolida como la mayor fuente de producción que tiene Colombia. No obstante, hay ramas que predominan, entre las cuales están la construcción, el comercio mayorista, la industria y los servicios financieros que, en cada una, representan cerca del 50% de todo el aporte nacional. Asimismo, hay otros sectores que están en una segunda línea, pero tienen igual importancia para el PIB total: se destacan, entre otros, el transporte de pasajeros, el comercio al por menor y la ocupación hotelera, según informa el Banco de la República.

Es precisamente ese dato el que da cuenta de la vital importancia que tiene esta zona como una verdadera locomotora. No obstante, también representa los grandes retos que implica tener –como afirma el centro de estudios ANIF– una economía encajonada.

Por un lado, esta región mueve cada año cerca de $600 billones por cuenta del valor agregado de los diferentes sectores económicos y genera aproximadamente unos 11 millones de puestos de trabajo, que representan cerca de la mitad de todos los empleos a nivel nacional. Sin embargo, no hay luces sin sombras y, con corte al primer semestre de este año, los departamentos que hacen parte de esta región registraron un desempleo promedio de 13,4%, una cifra que es más de dos puntos porcentuales superior a la tasa de desocupación total de Colombia, según el último informe del DANE.

Por su parte, la inflación marca un 3,28% en este territorio, en tanto que en otro indicador clave, como es el comercio, la región se destaca por ser una de las principales despensas de productos y servicios. Pero, de nuevo, al mismo tiempo que el potencial y relevancia de la zona central del país es fundamental para los intercambios de Colombia, también sigue siendo uno de los peores lunares de la economía por cuenta del freno que su ubicación tiene sobre la competitividad y el coletazo de esta en el PIB total.

La dura geografía que sostiene al país, sumada a diferentes escándalos de corrupción, han truncado el sueño histórico de lograr un aumento en la competitividad, lo cual, en plata blanca, se ve reflejado en que los puertos más cercanos de la zona central están, uno a 1.000 kilómetros y otro a 500 kilómetros, pero con la salvedad que para llegar a este último deben pasarse dos cordilleras, cada una con alturas de 2.500 metros de altura. Esto, por obvias razones, supone un fuerte golpe al potencial real que podrían desarrollar estos departamentos.

A pesar de lo anterior, dentro de la frontera llamada Bogotá, la competitividad está a su máximo nivel. Así lo demuestran las cuentas del Consejo Privado de Competitividad (CPC), que recientemente puso de relieve que la capital y Medellín encabezan la lista de las ciudades más destacadas del país.

Rosario Córdoba, presidenta del CPC, destaca que este reporte es “imprescindible para que los actores relevantes avancen en la construcción de agendas que involucren a todos los sectores y que los nuevos mandatarios regionales puedan tomar decisiones que promuevan la competitividad local y nacional, lo que, en consecuencia, mejore los estándares de calidad de vida de todos los territorios”.

Este es quizá el principal desafío que tienen las ciudades de Colombia actualmente, o por lo menos así lo cree el economista Jeffrey Sachs, quien señala que “el reto principal para Bogotá tiene que ver con la calidad de vida, porque debería tener una política de bienestar”, que incluye, entre otras, reducir la inequidad, democratizar la salud, mejorar la seguridad, dar transparencia en el sector público, revolucionar el transporte e impulsar la economía.

Sin embargo, Sergio Clavijo, presidente de Anif, va más allá al indicar que la región nunca podrá aportarle más al PIB si no sale del encajonamiento en el que está por razones geográficas, culturales e institucionales que reflejan el elevado ‘Costo Colombia’. “Con frecuencia –dice– se concluye que es un problema de aranceles y de ‘actitudes rentistas’, pero bien valdría la pena volver a profundizar sobre nuestra problemática de infraestructura. Si el diagnóstico no está claro, las soluciones a la apertura comercial nos seguirán siendo esquivas, no importa si ya hemos completado siete años de TLC con Estados Unidos y otros seis con Europa”.

La solución al problema, de paso, debe empezar por ‘casa’. Mientras departamentos como Antioquia y el Eje Cafetero avanzan con los megaproyectos del programa de vías de cuarta generación (4G), que buscan conectar a doble calzadas el país, Bogotá sigue manteniendo su histórica deuda de descongestionar sus entradas y salidas, que le deja anualmente millonarias pérdidas monetarias y de tiempo.

Asimismo, de acuerdo con técnicos de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, es clave completar el tramo de casi 20 kilómetros entre Villeta y Guadas, en Cundinamarca, que aún resta para que el centro y el norte de Colombia, que los divide en 950 km, estén conectados con calzadas que impulsen la competitividad. Pero no es lo único, porque hacia el suroccidente, la región está a medio millar de kilómetros del puerto de Buenaventura.

La cuestión es que para llegar hasta la ciudad portuaria, la principal de su tipo en el Pacífico colombiano, los vehículos deben atravesar dos de las tres cordilleras que tiene el país, en las que la movilidad consiste, literalmente, en subir y bajar estas formaciones geográficas.

De allí la relevancia de que se cumpla con la promesa del presidente Iván Duque de que, al 2022, esté en completa operación el túnel de La Línea y sus obras anexas, lo cual permitiría destrabar buena parte de la movilidad en la zona entre Cajamarca (Tolima) y Calarcá (Quindío) y aumentar la productividad del comercio exterior colombiano.

Esto, sin embargo, no ha sido impedimento para que, sumados Bogotá, Antioquia y el Eje Cafetero, sigan liderando como las zonas donde más aterriza la inversión extranjera directa (IED) diferente a la petrolera. De hecho, solo a la capital llega el 58% de la IED de Colombia, es decir, unos US$5.000 millones anuales, según cálculos de Invest in Bogota y el Distrito.

No obstante, los retos a corto, mediano y largo plazo siguen siendo grandes para los capitalinos. Consolidar la construcción del metro, mitigar los elevados índices de inseguridad y mejorar la calidad el aire son apenas un abrebocas de las necesidades primarias de la capital de la República.

La ejecución de la primera línea del metro seguirá siendo el tema de debate de aquí al próximo año, pues si bien ya se conoce el consorcio que realizará la obra, incluyendo sus estudios de detalle, el ambiente político del centro del país ha subido la tensión alrededor de este proyecto que, en algunos casos, se volvió más político que económico.

Entre tanto, para Medellín y el Valle de Aburrá, según un reporte de Proantioquia, los puntos a tratar deben girar en torno a reducir las brechas educativas y mitigar el incremento que viene registrando el desempleo, que ya afecta a unas 200.000 personas y sigue en aumento.

Las demás zonas de la región central deben basar sus trabajos en consolidar las vías 4G y comenzar a estructurar las que serían las autopistas de quinta generación, un proyecto que se viene pensando desde hace varios años, pero que aún ha quedado ‘en el tintero’ debido al poco espacio fiscal que tiene el país. El futuro, no obstante, solo se empezará a conocer a partir de enero del próximo año, cuando asuman los nuevos mandatarios regionales.

Sebastián Londoño Vélez
Periodista de Portafolio

Recomendados

  • REVISTA PORTAFOLIO
  • NEGOCIOS
  • MIS FINANZAS
  • OPINIÓN
Siga bajando para encontrar más contenido